Dicen que la buena mermelada siempre está en el bote pequeño y se prepara a fuego lento. Así fue, precisamente, la boda de Natalia e Isaac; una celebración de esas que demuestran que las mejores cosas de la vida se cocinan con tiempo y mimo. Este reportaje me llevó a viajar lejos de las cumbres pirenaicas, trasladándome a una preciosa ciudad costera que conozco muy bien: Torredembarra.
Ellos son el vivo ejemplo de dos personas que se complementan a la perfección, uniendo sus mundos frente al mar. Decidieron darse el «sí, quiero» en una ceremonia íntima en el ayuntamiento de esta población de la Costa Daurada, que mira al Mediterráneo. Para después festejarlo con un emotivo paseo por la emblemática Rambla de Tarragona.
Todo ello en una jornada cargada de simbolismo y romanticismo: el 23 de abril, la Diada de Sant Jordi. La celebración continuó en una masía típica catalana llena de encanto, Mas Folch. Allí, el cariño, la profesionalidad y el saber hacer de los hermanos David y Dani permitieron reunir alrededor de una mesa impecable a las personas más importantes de sus vidas.
El broche de oro a este día inolvidable llegó con la puesta de sol desde el May Altafulla Beach Boutique Hotel, el escenario perfecto para detener el tiempo y capturar con mi cámara aquello que la vida no repite: su celebración, su gran día.
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